La época de corresponsal

Volví a Barcelona, acabé la carrera, hice una beca con la Agencia EFE. Durante un año estuve en la delegación en Barcelona siguiendo la actualidad política. En paralelo, y para reparar el error histórico de estudiar tan solo Periodismo, empecé un máster de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. El segundo año de la beca con EFE consistía en prácticas en una delegación en el extranjero. Me fui a Nueva Delhi. Era 2007.

Fue mi primer destino internacional como periodista, y supongo que por eso le guardo tanto cariño. La India me abrió su corazón y yo entré en él. EFE me contrató después del año de prácticas y me quedé de corresponsal en el Sur de Asia. Mi primera gran cobertura fue el asesinato de la ex primera ministra pakistaní Benazir Bhutto. Escribí sobre los atentados de Bombay de 2008, sobre la guerra afgana, sobre el motín de la guardia de fronteras de Bangladesh, sobre la monarquía de Bután. Viajé por toda la región pero insistí en Calcuta y Santiniketan, porque después de mi máster en Barcelona me había matriculado en el Doctorado de Lengua y Literatura y solo me quedaba acabar la tesis: mi tema era la poesía última y la pintura de Rabindranath Tagore, y para conocer su obra había que ir a su ciudad y a su universidad.

Después de casi cuatro años en la India, me quería ir de corresponsal con EFE a Afganistán, pero acabé en Pakistán. Ya hablaba algo de hindi, así que en Pakistán era un buen destino, porque el urdu es muy parecido. Allí acabé la tesis de Tagore y escribí sobre temas sociales, culturales y políticos, pero sobre todo relacionados con el terrorismo, porque en aquella época moría más gente en atentados en Pakistán que en la guerra abierta de la vecina Afganistán. Cubrí la noticia más relevante que me ha tocado cubrir —aunque, siempre lo digo, no la más importante—: la muerte de Osama bin Laden en una operación de Estados Unidos en Pakistán. Llegué de inmediato al lugar: Abbottabad, la ciudad donde se refugiaba Bin Laden, estaba a apenas tres horas en coche de mi casa en Islamabad. Hablé con vecinos, fuentes de inteligencia. Hice reportajes, análisis, crónicas. Pero me quedó un regusto amargo de aquella cobertura. La narrativa oficial se impuso, y no estaba seguro de que mi contribución al periodismo tuviera que ser siempre la de noticias de última hora. Quería explorar otra forma menos inmediata de hacer las cosas, más alejada de la industria, y que tuviera más que ver con mi pasión original: la literatura. Quería un cambio. Y lo encontré, aunque no fuera el que esperaba.

Web by Boira.Studio