Dicen que cada persona tiene solo una gran idea en la vida. Lo he buscado, no sé quién lo dice, pero corre por ahí. A no ser que publique una novela de abrumador éxito comercial antes de morir, la mía será la revista 5W. Hay compañeros y compañeras de internacional que, años después de aquel 2015 en el que nació 5W, me dijeron que ya habían tenido esa idea. Que en los medios tradicionales no había espacio para las historias que les importaba, y que había un nicho, una oportunidad para crear un medio así. Es verdad: la idea estaba en el aire. A mí me había pasado igual: cuando estaba en Pakistán, escribía sobre atentados en mis noticias pero le hablaba de festivales sufíes a mi familia y amigos. Había efervescencia en el mundo hispanohablante, creación de nuevos medios. Había ya varias generaciones de corresponsales y enviados especiales freelance que no dependían de los grandes medios y que sobrevivían haciendo los temas en los que creían. Este sería su espacio. Me alié con un grupo de periodistas y fundamos 5W. Fundé mi nueva familia. Hasta hoy.
Empecé en 5W editando reportajes y revistas, coordinando la web, planeando coberturas. Construimos una forma propia de mirar el mundo: más allá de Occidente, fijándonos en los derechos humanos, con voluntad narrativa. Le dimos a historias de todo el mundo el espacio que merecían, sin atender a la inmediatez. A nivel personal, trabajaba como periodista en 5W y como freelance para otros medios. Las coberturas sobre migraciones y refugio, sobre todo las que hice en el Mediterráneo —un mar que se estaba convirtiendo en una fosa común—, me hicieron darme cuenta de que ya estaba siguiendo un camino desde hace tiempo. Decidí dedicar un libro a eso: a las personas que huían de la violencia. Fue No somos refugiados (2017), publicado en español, inglés, catalán, italiano y polaco. Empecé a colaborar con la sección en español de The New York Times, precisamente con una crónica desde el mar, pero también tocando otros temas —culturales, políticos, sociales—. Multipliqué mis colaboraciones en medios catalanes, españoles e internacionales. No somos refugiados fue elegido como el libro recomendado del Festival Gabo 2017. Escribí. Viajé más, a mi aire: Chad, Nigeria, la India de vuelta, Pakistán de vuelta, Argelia. En Túnez escribí un reportaje sobre el entierro de personas que perdieron la vida intentando cruzar el Mediterráneo que ganó el premio Ortega y Gasset.
Pero el mundo y mi visión del mundo estaban a punto de cambiar. Otra vez.