Premios

No se apuren, este es el apartado más breve, o al menos el que vestiremos menos. Pero tampoco es cuestión de ocultarlo. 

Un premio que marcó mi vida fue el Premio Ortega y Gasset 2019 a la mejor historia o investigación por la crónica Los muertos que me habitan, que contaba con fotografías de Edu Ponces —y con la inspiración en el título de Luis Cernuda. Ese texto condensa el mundo que he visto y que he intentado explicar.

Con el fotógrafo Pau Coll hice un reportaje en Huelva, Una chabola al final del camino, bofetón de realidad que ganó el Premio de periodismo en español sobre África Saliou Traoré 2022

No tengo muchos premios a libros, son más difíciles y menos frecuentes, pero hacen mucha ilusión. No somos refugiados fue elegido como el libro periodístico recomendado del Festival Gabo 2017, una categoría que se inauguró aquel año. 

La huérfana del Mediterráneo —publicado en The New York Times— recibió la mención especial en la XV edición del Premio Internacional de Periodismo Manuel Alcántara. Formé parte del extenso equipo periodístico que recibió el Premio Montserrat Roig de Periodisme Social en 2020: allí había una crónica sobre Omar Diallo, un adolescente que se suicidó después de que quedara en situación irregular tras someterse a una prueba de determinación de la edad. En 2023 recibí otro Premio Montserrat Roig, esta vez a la promoción de la investigación en el ámbito de los derechos sociales y la acción social, que me permitió, junto a Anna Surinyach, llevar a cabo el proyecto Jóvenes y mayores bien acompañados

Hay muchas críticas al mundo de los premios por las dosis exageradas de ego que a veces lo rodea. Es cierto que a veces sucede. Pero también me gusta verlo de otra manera: muchos de estos reportajes, aunque pensé en su momento que eran importantes, no recibieron demasiada atención, y los premios sirvieron para que tuvieran mucho más impacto. Y también para darme gasolina —emocional y económica— para seguir adelante.

Supongo que para eso sirven. 

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